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Xitlalitl Rodríguez

22 Oct

Xitlalitl Rodríguez Mendoza (Guadalajara, Jalisco, 1982). Es autora de los libros Polvo lugar (La Zonámbula, 2007), Datsun (Punto de partida,2009) y Catnip (Col. La Ceibita, Tierra Adentro, 2012). Fue becaria del FONCA en la categoría de poesía, emisión 2008-2009. Publicó la columna “Dealers que no me maten” en Milenio Diario.

Desde aquí pueden descargar Catnip. 

 

Acapulco

26 Jul

Xitlalitl Rodríguez Mendoza

I

ÉSTA, como casi todas las historias sobre gatos, no tiene como

personaje principal una sílaba tónica; aunque también se trate de un

relieve, de un dardo que atraviesa el aro minúsculo de una vocal. Este

animal juega con sus garras a matar un molusco en nuestra lengua. Lo

libera como a un insecto, lo deja descansar sobre pequeñas piedras

monosílabas: rocas lisas y ovaladas. Átonas. Exhalación descolocada.

Nunca la misma en el mismo sitio. De nuevo vocal, vocal cerrada,

vocal casi, vocal abierta. Desde la glotis se asoma. Sonantes antes y

después. Se alarga. Y aunque sílaba, no es tónica. Termina siempre

con las patas donde empieza el salto. Esconde números. La cifra

es una bola de estambre que, como casi todas las historias sobre

gatos, nunca termina. Se mueve en la misma cuenta. Revuelve sus

patas en el aire para darle vuelta, pero es el mismo. El sentido es

una pluma de paloma balanceándose hasta el piso, pero ella rasga,

tumba aves. Este animal, analfabeta, pronuncia una u pensando en

una i, pensando en Garcilaso y sus cabellos que al oro oscurecían. Y

Simbad, sin embargo, sin Aleph. Ésta, como casi todas las historias

sobre gatos, tiene como personaje principal a una sinalefa.

II

LA ARENA DE DESIERTO SE VENDE POR KILOS EN EL SÚPER. Sé de huellas

en sus dunas, lunas sobre mortales caminatas de la humanidad, que

vienen dentro. Polvo viejo, aglutinante en donde escarbo hasta frotar

el inútil fondo azul de esta caja, con su puerta para mascotas. “Hey,

Moisés” es una marca, la mejor, hasta ahora, para cruzar el mar.

III

Soy nieta de Murka. Sobreviviente del sitio de Estalingrado. Madre de ocho gatos.

O lo que es lo mismo: de ocho muertos. Llevaba información sobre posiciones

enemigas a soldados rusos mientras estos vigilaban sus últimos minutos de vida

al otro lado de la calle. 1942 fue un invierno duro. -¿Para qué son siete vidas sino

para comer?-, decía la abuela. ¿Para qué es una vida? pienso tres generaciones

después, husmeando entre nieve, banderas rojas y sus cadáveres. La tierra humea

tibia tras la batalla.